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09404 (13.02.2026 - Juan Salvador Arnau de Primitiva y Los Araciles)
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Se cruzó con Luís Alonso de Quebrada al que no conocía, aunque lo había visto en el pueblo, y tras leve saludo entre dos que se cruzan, continúo El Quebrada su camino; nació en una familia de noble estirpe, de padre marqués, como el último nacido, y su padre, que ya tenía seis hijos, y no sabiendo qué hacer con Luís Alonso, habló con un teniente coronel de corps para que ingresase en el cuerpo; como cadete era capitán del ejército, y al cabo de unos años, como teniente de corps fue general del ejército, y viendo que ya tenía una edad y la posibilidad de ascender en la escala, dejó la protección del rey y habiendo oído hablar de Alicante se personó en la ciudad, y habiendo ido a La Cogolla a tomar las aguas quedo prendado del lugar, y sabiendo que se vendía una casa en el pueblo, la compró y después la agrandó; la ordenó con un gran salón donde puso chimenea, una cocina, lavadero y cuarto de sirvienta, dos cuartos y un despacho. Más de cien libros tenía, que causaron, a su llegada, honda admiración en todos. Sin duda era caballero cultivado, sabio; su ropa era recia, exquisita, de letras, suaves y cadentes sus ademanes, sus palabras distintas, extrañas, clara su mirada, finas sus manos, pausado su cuerpo. Escuchaba, hablaba después, esperando el silencio de los demás, y decía las cosas que todos aspiraban a escuchar. Al principio sus conocidos de Alicante subían a verlo; en aquella casa se disfrutaba de la bebida, de la comida y de la conversación más extraña que pudiera escuchar Gerardo el Extremeño, quien realizaba para Luís Alonso de Quebrada los más molestos e inhumanos ejercicios como eran tratar al caballo, traer la leña, cuidar un pequeño jardín, o simplemente mover un mueble; nadie tenía tantos muebles como don Luís Alonso, no se comprendía, tanta ropa de vestir, de cama, cortinas, alfombras, enormes sillones, plumas, papeles, ni tantos objetos inservibles como varios cuadros, uno de batalla, otro de iglesia, de un monte blanco bajo un cielo profundamente azul otro, y un reloj, ¡qué grande era la inventiva del hombre!. Luís Alonso de Quebrada era hombre de progreso, libertad e igualdad, esta última limitada a las razones del rey, racionalista e intelectualista, hombre de corazón y de sentimiento, que insatisfecho de las secas teorías del materialismo y del racionalismo, harto de culturas, de estado, de sociedad, de religión y todo clase de institución, insistía en explicar, a sus amigos que le visitaban, las razones que le demandaban dejar toda resonancia urbana; volver a la naturaleza, esa era la cuestión de sus entendimientos, hacer un mentís a la historia, al mundo, a la cultura. Positivar al hombre, significarlo original, tal como sale de Dios, uno en la naturaleza, sin tapujos históricos, bueno, libre, igual, auténtico, voluntarioso, alejándolo de aquel siglo de luces y penumbras, extravagante y ridículo, desordenado y vegetal, superabundante, agitado, irregular, frenético, profuso, patético, y lleno de seducción. Estaba allí, en la Torre de Aguas, porque allí estaba la serenidad de la naturaleza, su equilibrio y eterna permanencia. No es posible someter a la naturaleza, es mejor unirse a ella, confundirse con ella, aceptar que se es parte de ella. "Estas, dijo, son mis razones". Esta parca concepción de la vida lo fue aislando de sus amigos, que, a poco, fueron cansándose de sus constantes repeticiones, dejaron de ascender a aquellas tierras. Dedicó, desde entonces, más tiempo a los libros, a los paseos, a descansar en el tiempo, sentándose en una silla labrada en piedra que pudo encontrar junto al río, al otro lado de La Solana; se diría que fue hecha para esperar el transcurrir del tiempo, y pregunto quién fue su hacedor, quién entre los hombres necesitó allí aquella eterna silla. Descubrió en ella el Molló, la Peña del Cuervo, el Ginebral, una sucesión de rocas que siempre se propuso recorrer. Si que hizo el camino a La Vila, cruzando el río por El Castellet y transitando por Las Hoyas Anchas, por lo que en alguna ocasión pudo asistir a las labores en las almadrabas.