martes, 16 de junio de 2026

09639-49.AGUAS ALTAS Y BARAÑES: Paloma Aracil Arnau

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      En los años que siguieron se incrementaron los pagos a la Casa de Busot por los diversos conceptos como fueron luismos, censos y herencias que se pusieron al día de las distintas fincas que permanecían como ocultas o no declaradas, hasta la llegada de una fuerte sequía (año de 1825) que decantó una pérdida de ingresos y de turistas a los baños, quebrantando, de tal modo, las tiendas y los campos. 

     Cierto día (año de 1826) se presentó Paloma Aracil Arnau en Barañes, que había sido de la casa señorial de San Juan, diciendo que tanto su madre María Arnau La Bruja como su hermano Jerónimo habían fallecido; los señores se habían arruinado y el nuevo amo, un banquero de Valencia, se había presentado en la finca con sus gentes, despidiendo, de malas maneras, a todos cuantos allí estaban. Se esforzó en encontrar ocupación en San Juan, pero nadie quería cargar con una mujer de cincuenta años. Estuvo en Alicante, la acogieron en la casa de una familia cuya tacañería les impedía pagarle un sueldo y donde los trabajos que hacía eran los más desagradables posibles. Tuvo que dormir en la calle en la que fue apaleada en un par de ocasiones, mendigó unas monedas durante unos eternos días, los guardias la encerraron en la Plaza de la Fruta y a la vista de unas lonchas que le salieron en los brazos fue puesta en libertad con la amenaza de que desapareciera de Alicante. Deambuló por la huerta y llegando a una playa que parecía no tener fin decidió darse muerte, pero cuando tragó algo de agua salada sintió un temor que nunca antes había sentido. Fue cuando reconoció el color azul de la Sierra del Hombre y la planicie de Las Churrutellas junto a Xixi, el olor a tierra seca, la rudeza de aquellos montes, y que no teniendo ni presente ni futuro, ni a dónde ir, ni a quien acudir, tomó, por la orilla, el sentido del norte, recibiendo de un grupo de gitanos, que en la berma descansaban, algo de comida y un poco de alegría, pasando con ellos la noche y viendo el amanecer por aquella línea donde, le dijo Elmo, un hombre de piel blanca, la tierra parecía juntarse con el cielo. Añadió que un hombre con cara de sabio le inculco que por mucho que se nadase hacía aquella línea, jamás se llegaba a ella, ya que la línea era como un faro que marcase el camino a seguir. Elmo tuvo por aprendido que el mar era una balsa de agua que terminaba allá donde la tierra emergía no se sabía de qué sitio, pues lo hacía como por arte de magia, de improviso, sin avisar, determinando el final de la travesía; era, afirmaba, que la vida era hija de la naturaleza, y que de tal condición no podía escapar la vida. Paloma lo escuchó en todo y con la convicción de que la naturaleza ya obraría, se vistió con unas ropas que le dieron las gitanas, y recuperó fuerzas durante varios días hasta que Elmo mandó levantar el campamento sobre la berma y seguir hacía ningún sitio, y los vio partir hacia el poniente, siguiendo ella hacía las montañas azules con un pequeño hatillo que le proporcionaron, cruzando el vado de un barranco en el cual encontró a unos pescadores que le señalaron donde coger el amerador que la llevaría a Aguas Altas. Con los pescadores durmió una noche guarecida entre dos barcas, llenó el buche con el pescado que le ofrecieron y comprendió que entre los espacios habidos entre dos grupos humanos era la humanidad la que gobernaba, y llena de esperanza llegó a una pequeña casa de campo, donde un hombre, en la puerta, sentado en una silla al sol y con un botijo a su lado, se recreaba en su ser

- ¿A dónde vas mujer?

- A Barañes -contestó Paloma- ¿Puedo beber agua?

- Aquí está el botijo, bebe

- Está fresca

- Es el trabajo del botijo, mantener fresca el agua. Pero, bebe, beber fortalecerá tu cuerpo y animará tu alma. ¡Ay el agua! Que a unos da vida y a otros mata. No hace mucho pasó por aquí un pulpo y, fíjate mujer, me pidió agua salada. Yo le dije que la tenía dulce y él, el pulpo, decidió tomarla por ver a que sabía, le sentó mal el agua dulce y, fíjate mujer, que se murió el muy desgraciado. Por eso digo que el agua a unos da vida y a otros mata, ¡será condenada!

- ¿Has dicho un pulpo?

- He dicho; uno de esos bichos que tiene varias patas; al muy desgraciado le sentó mal el agua dulce. 

Y llegó a Barañes; Francisco Arnau, una vez conocida la historia de Paloma, la asistió y acogió en su casa, quedando al cuidado de la casa y de los hijos tenidos con María Gomis. Una avanzada tarde, ya mutando el color del día en el color de la noche, pudo ver Paloma dos siluetas por La Carrasca. 

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