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05321 (28.08.2019 - 11.En la calle Mayor)
DOCUMENTO POSTERIOR
Antes de las siete horas, apenas la luna
cae por el oriente, al pairo de la luz
rompiendo la noche, se oye el rugir bronco
de las persianas metálicas recogerse en
sus tambores como tumbas esperando
Guillermo, con su presencia, parece como
si la calle Mayor cobrase vida. De pie
esperando un paisano, el trasiego de sillas
y mesas desde la tienda saliendo, suspira.
El panadero, en su ir y venir, saluda.
Llega el pan y los dulces llegan.
Salen los solos y los cafés con leche.
Algunos aldeanos ya están desayunando.
Huele a mañana limpia, y las primeras
voces ocupan el éter ocioso e infinito.
Algunos coterráneos se incorporan como
de improviso entre las sillas y mesas
que Guillermo, silencioso, ha dispuesto
en la calle donde la sombra cobra vida
y un ligero y fresco viento se despereza.
Las primeras voces son apenas palabras,
frases las segundas, conversaciones
son las terceras, y hay un bullicio entre
los que pasan y los que sentados están,
la calle Mayor, ya despierta, se anima
Los asuntos intranscendentes, ordinarios,
en cierto sentido indiferentes, se imponen,
algunos parecen interesados, rodeados
de alaridos, otros escuchan, comen y beben,
son como sonámbulos que están cansados
El calor, ese calor que baja desde lo alto
como nacido en las profundidades del tiempo,
que se nutre de miedos, que agota fuentes
y debilita gargantas, que lame fachadas, que
en enreda pensamientos, cae sin remedio.
El sol, que ya está allá arriba, se ríe,
cae como invasor asesino sobre este pueblo
de Aguas, se incrusta, como agujas malditas,
en las cabezas de los presentes; ha llegado
la hora, los paisanos abandonan la calle.
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