DOCUMENTO ANTERIOR
09507 (10.04.2626 - 02.Salamanca
San Martín de Castallar y Mogarraz)
DOCUMENTO POSTERIOR
09511 (12.04.2026 - 05.Extremadura: Sierra de Gata
Robledillo de Gata y Trevejo)
-I-
GRANADILLA se llamó Granada y fue, en origen, una villa amurallada como centro del Señorío de Granada, capital de la comarca conocida como Tierras de Granadilla, y que desde 1960, que fue declarada zona inundable debido a la construcción del Embalse de Gabriel y Galán, quedó comoparte de Zarza de Granadilla. Desde 1980 es conjunto histórico-artístico y desde 1984 es parte del programa de recuperación de pueblos abandonados, pero lo cierto es que nunca ha estado inundado, ni siquiera con el embalse lleno.
Fue durante la Edad Media capital de un señorío que comprendía diecisiete municipios. Fundado en el siglo IX sobre una colinade pizarra, los almohades levantaron la alcazaba, para ser cristiana de 1160 con Fernando II de León; pasó por diversas manos hasta el Ducado de Alba en 1830
El EMBALSE DE GABRIEL Y GALÁN se extiende a través de varios términos municipales y su superficie es de 80.555.000 metros cuadrados, una laguna que parece no tener fin, delimitada por entradas de tierra y pequeñas islas.
No se puede entender con certeza que llevó al desalojo de sus pobladores cuando se trazó el citado embalse; en sentido estricto carece de sentido para la mente ya que, es evidente, las aguas del embalse difícilmente pueden anegar el pueblo. No se puede comprender que resolución determinó en la idea del proyecto del embalse que la población quedaría sumergida por las aguas. Es una idea de locos; una contemplación del lugar impide aceptar que fuera necesario el desalojo de sus pobladores y la destrucción histórica de semejante precioso lugar.
El Estado Español pagó, al parecer, unos 40.000.000 de pesetas por la Expropiación de Granadilla y todo su Término Municipal. El beneficio neto del primer año de funcionamiento, de todo el Sistema del Alagón, después de pagar todo el coste de las obras realizadas, fue de 425.000.000 de pesetas, en tanto que fueron los ingresos del primer año de funcionamiento del embalse de 1.600.000.000 de pesetas. Como se ve, todo un negocio para el Ministerio de Hacienda.
Las familias de Granadilla se reubicaron en El Rincón, una finca que era un secarral perteneciente a Galisteo, hoy Alagón del Rio, otros se instalaron en chabolas del extrarradio de las grandes ciudades, y algunos se quedaron en los pueblos de alrededor.
A la vista de lo anterior, GRANADILLA hoy, en sentido estricto como población, no existe; dejó de existir en los años sesenta del siglo XX cuando se decidió la construcción de un embalse en esta zona, lo que trajo consigo el desalojo de sus pobladores.
-II-
GRANADILLA es una península sitúa a 430 metros de altitud sobre Alicante. Después de recorrer un paisaje de suaves colinas sobre un verde continuado de tierra, se advierte la descomunal torre que guarda un recinto totalmente amurallado que forma como una península rodeada de azules y tranquilas aguas. La Torre exenta al muro es cuadrada con cuatro recintos circulares de tres niveles y ventanas al exterior que alcanza los treinta metros de altura, coronada por un techado, a la que se entra por el interior de la población.
Lo que se ve no se puede creer, lo que se verá no se puede creer, pues todo cuanto los ojos perciben son un continuo de incredulidades de difícil aceptación. Granadilla es todo un descubrimiento; es imposible advertir antes de llegar que exista tal lugar y que la configuración del mismo sea el resultado de un pasado que debió de ser significativamente importante
La entrada por el único portón del muro, con arco de medio punto y una verja, es gratuita, lo que resulta inaudito; poco costaría imponer un precio para la visita, pues dicho caudal monetario serviría para el sostén y acrecentamiento de la belleza que emana del lugar.
Apenas se cruza el quicio de la puerta, a la derecha, cuelga una campana y un letrero que dice “no tocar la campaña”, pues tocar la campana es prácticamente irresistible, siendo el fin de la misma, al parecer, la señal de que el pueblo, llegada la noche, se cierra a los visitantes al cabo de quince minutos.
El lugar dispone de varias rutas, dos de ellas exteriores y otras dos interiores, una por el adarve y la otra por calles.
Un espacio de difícil encuadre, al que llaman Plaza del Castillo, es el punto de subida a la torre y del inicio de la excursión subiendo al adarve del muro. La belleza del lugar es incontestable, la unidad que forma la ciudad amuralla, las aguas del embalse y el terreno circundante resultan de una casi perfección digna de ser admirada. La visión resultante es grata, el silencio casi imperceptible, los colores, verdes, azules y marrones se mezclan, en diferentes tonalidades, en un todo formando un cuadro que no agota a los ojos.
Pareciera que estamos en un pueblo arrancado al tiempo; caminamos por el adarve, vemos el templo, las casas levantadas piedra negra sobre piedra negra, sin argamasa, apenas sosteniéndose sobre el suelo, con tejados roídos por los elementos, sin tejados otras, paredones irregulares, puertas que se fueron, ventanas que existieron, cercados entrelazados, huertos baldíos, olivos, algarrobos, algo de sotobosque, tierras húmedas, algunas sendas, apenas visualizamos algunos caminos como en una formación de quebradas, recodos imposibles, tortuosas curvas que bajan, y conforme se avanza por el adarve se extienden pequeñas aéreas agrícolas, una dehesa, algunos animales, tres enormes toros, unos gallos, todo lo cual es manifestación clara de la capacidad de autoconsumo de que disponía Granadilla, y todo sin dejar de ver el pantano, el cual se alimenta por el norte con el río Alagon, desaguando por el sur por la presa.
Una vez se abandona el adarve, la visita sigue entre las antiguas y destruidas casas hasta llegar a la puerta de entrada del recinto, desde donde se toma una calle de nueva planta, con pequeños edificios destinados al personal de servicio que realizan trabajos en Granadilla generando una llamada calle Mayor que nos lleva a una plaza del mismo nombre que se escenifica en la parte más alta de la población. Desde aquí podemos llegar a la Iglesia de La Asunción y siguiendo la ruta regresamos al portón de entrada
Es entonces que se advierte la inexistencia de locales comerciales, bares y restaurantes, quedando como recuerdo un recorrido largo y eterno que cubre todas las necesidades de la mente y que dejan el cuerpo en el mejor estado de satisfacción existente. Prácticamente todo es pura belleza, la villa en sí, sus construcciones y el entorno.
Coincido totalmente, todo es pura belleza,es un disfrute recorrer la Villa,siempre rodwados por el agua del pantano.Una maravilla
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