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09504 (09.04.2026 - 01.Salamanca: La Alberca y La Peña de Francia)
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Las Batuecas tiene dos joyas de especial interés
La primera es SAN MARTIN DE CASTALLAR; estamos en un mundo que se sitúa en el límite al norte del Parque de las Bautecas y Sierra de Francia, a unos 800 metros de altitud sobre Alicante. Desde el pueblo hemos contado hasta unos diez senderos de corta extensión que recorren el bosque.
Caminar por este pueblo es introducirse en el silencio de un lugar donde ni se bebe ni se come, en cierto sentido recuerda a un fantasma que ha dispuesto de una infinita sucesión de letreros en diferentes tiestos de madera que contienen flores y dan colorido al pueblo, con frases que incluyen palabras en una lengua ya extinguida y propia del lugar.
La Plaza Mayor es triangular y, sin ser especialmente bella, rezuma un halo agradable de permanencia. Hay una alberca con dos enormes pilones casi en su centro, y está rodeada de edificios de tres plantas, algunos de ellos porticados y balcones de evidente extensión. Sigue los elementos en arquitectura dados en la zona, casas de adobe y madera, ladrillos, combinadas con otras de nueva planta, y rincones especialmente agradables donde las sombras juegan con las fachadas y crean unas formas que requieren de cierta contemplación.
Una calle larga recorre el pueblo y a la misma acuden el resto de las calles, donde todos viales nacen y mueren, con algún callejón sin salida. Las sensaciones del paseo urbano son especiales; dos hombres se cruzan con nosotros, hay unos leves y casi susurrantes saludos, algo impide elevar la voz que pueda despertar al pueblo. Tal calle nos lleva a la Iglesia de San Martín que presenta una fábrica del siglo XIII, apreciándose un pórtico, tal vez jónico, del siglo XVI, a lo que se añade un gótico tardío.
Apenas unos metros de caminar, en ligera cuesta, se asienta la Plaza de Toros entre casas particulares, desde donde se puede ver el festejo taurino, siendo de una estructura irregular de cuatro lados y que se antoja como olvidada por el tiempo, no obstante, despierta la curiosidad por su forma y por los tendidos de que dispone, lo que hace despertar la imaginación de poder ver al toro y al torero evolucionar en lugar tan distinto y diferente de un ruedo.
Apenas a unos pasos se abre la puerta de un Castillo, del siglo XV, en la parte más alta de la localidad, por lo que desde allí arriba aparecen unas bonitas vistas de la comarca. En su interior está el Cementerio desde el siglo XIX.
Por LAS CASAS DEL CONDE pasa el río Francia, que arranca desde la Sierra de Francia y muere en el río Alagón. A la salida del pueblo se llega a una zona recreativa de especial belleza y encanto, con aguas escandalosas que parecen hallarse en un circuito de velocidad, aunque dispone de charcos de baño.
La segunda es MOGARRAZ o Las Caras. A sus casas de recias piedras, tablones cara vista en las fachadas blancas y tablas protegiéndolas de las lluvias, lo que hace que conserve la peculiaridad arquitectónica de la zona, hay que añadir LOS RETRATOS colgados en las diferentes fábricas de las casas. Al parecer en los años 60, un fotógrafo retrató a todos los vecinos para que se pudieran hacer el DNI. En el año 2008 fue el artista local Florencio Maíllo quien se hizo con el archivo de fotos, haciendo de las casas, colocando allí los retratos, como una galería de arte, que hoy seguimos contemplando con admiración y extrañeza.
En su recorrido se tiene la sensación de hallarnos en un pueblo donde la vida se detuvo hace muchos años y cuyos hijos desaparecieron de los ruinosos trabajos del campo. Se alinean casas conservadas con otras en profunda ruina y reciente abandono, aparecen algunas que requieren ser compradas, pero que precisan de una urgente reparación, las calles siguen el sistema empedrado sin aceras, al vuelo se ven algunos balcones de meritorias medidas, las puertas las hay que hace años que no se abren y sufren las inclemencias del tiempo transcurrido. Es un lugar tranquilo, aunque turístico por los citados retratos, con algunas pendientes, que invita al paseo y a la observación, de rincones en soledad y ausencia de vecinos. Dispone de una amplia Plaza Mayor de imperfecta triangulación.
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