jueves, 20 de agosto de 2026

09721-51.AGUAS ALTAS Y BARAÑES: 02.El balneario

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09720 (20.08.2026 - 01.El balneario)

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Se presentó a tomar las aguas una marquesa con su esposo; convenció la mujer al hombre de que existía en Alicante un lugar privilegiado donde acudían otros miembros de la nobleza, donde podrían pasar unos días y tomar las aguas. Llegados a un cruce, tomo el calesero el camino, de apenas un kilómetro, de subida al balneario, dejando a la derecha el acceso al pueblo; la calesa cruzó la puerta de entrada por un amplio patio que dejaba a la izquierda unos pequeños edificios destinados al servicio así como una capilla, algo más pequeña que grande, deteniéndose en la puerta del establecimiento; “bajo tenemos las tinas y las dependencias generales para tomar las aguas, así como otras, en esta planta disponemos de una salón y el comedor, y una sala de juegos, y delante unos jardines. En las plantas superiores se ubican las habitaciones” les señalaron en la recepción, tras lo cual subieron las escaleras y se acomodaron en la alcoba. Después, ya recorriendo el establecimiento, pudo sonreír el esposo de la marquesa a la esposa del conde, y en un determinado momento fue un botones a entregar, con absoluta discreción, una misiva de la esposa del conde al esposo de la marquesa. Se vieron tras la piscina al aire libre, junto a un enorme pino que se encontraba en la parte posterior del vestuario; allí se besaron con ardiente pasión, siendo vistos por dos señoras que paseaban.

- ¡Por Dios, que fragor de batalla!

- Pues yo diría que ella es la mujer del conde, y que él llegó hoy mismo con su esposa, una marquesa. 

Al ver que don José no le contaba nada sobre la comida con el conde, harta de ser un cero a la izquierda, y no tener conocimiento de lo que su esposo y su padre tenían hablado, como ya era costumbre, Vicenta García preguntó a José Ivorra:

- ¿De qué te hablo el conde?

- Cosas de negocios

- ¿Qué negocios?

- Ya he hablado con tu padre y no vamos a aceptar ningún trato con el conde; tu padre no se fía de ese tipo de gente.

- ¿Eso es todo?

- No vamos a aceptar, ¿para qué quieres saber?

- Pues no sé quién es peor, sí tú o mi padre

Hubo comidillas en el hotel en los días que siguieron a la vista de cómo se les veía a los dos amantes; entre pinos, sobre el suelo del monte, besarse con los labios abiertos, bajar braguetas y subir faldas, apretarse el uno contra el otro en ardiente deseo, de modo que alguien alertó al conde y otro alguien a la marquesa, y acudiendo ambos nobles por separado se descubrieron como casados y acompañados de sus amantes, los cuales ponían los cuernos, ella al conde y él a la marquesa, como ya era de dominio público. 

- Ya ves lo que tiene la vida, la esposa del conde le pone los cuernos, el esposo de la marquesa le pone los cuernos

- Así es la vida; ¡que cuatro!
 
De todo lo cual no pudieron, ni el conde ni la marquesa, soportarlo. Una mañana, en la gran piscina, a la hora de mayor afluencia, ambos amantes tomaban el sol en sendas hamacas, que se presentaron los dos nobles, entablándose una reyerta entre los cuatro; hubo alzamiento de voces, manotazos y golpes, hiendo los cuatro a caer en el agua ante la contemplación de cuantos allí estaban presentes. Se presentaron trabajadores del hotel para poner orden y evitar mayores entre los cuatro y mayor escándalo, que el conde, al salir del agua, resbaló y en su caída al suelo arrastró a la marquesa, golpeándose ambos en el borde la piscina, precipitándose, en unión, la sangre de ambos, apareciendo la muerte que se los llevó, mientras eran apaleados, por el servicio del hotel, los dos amantes, uno de los cuales fue a caer al suelo, y en su caída, se llevó al otro, golpeándose en las respetivas cabezas, y la sangre de los amantes se unió a las propias del conde y la marquesa, llenándose el agua de la linfa de los cuatro. 

- Se lo merecían

- ¡Sin duda!

- Así es

La noticia corrió como las noticias corren, a marchas forzadas, extendiéndose por Aguas y llegando a Alicante. 

- En ese balneario matan a la gente

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