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02941 (28.05.2016 - 01.El Hombre de Las Quinolas
La desaparición de María Ivorra de Sexona)
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En marzo, hija de Carlos Ivorra de Clotilde y Vicenta Giner, casados ocho años antes, nació María tras un doloroso parto que dejó a Vicenta exhausta y profundamente dormida. Carlos llamó a su padre “abuelo” en cuanto lo vio llegar mientras alzaba un vaso, compartiendo el vino con tres jornaleros y ofreciéndole que bebiera. Magdalena tenía en sus brazos a la niña, que lloraba de impaciencia buscando la leche que no encontraba.
- Aquí la dejo -dijo a los hombres- Veré como está la madre y trataré de espabilarla para que la niña se calme -no recordando Magdalena la historia del Hombre de Las Quinolas-
Tampoco pendió en el abuelo Cristóbal el hecho del Hombre de Las Quinolas al ver la alegría de su hijo Carlos después de ocho años de espera, de modo que la niña quedó en un capacho sobre el poyo de la pared de la casa. Llegaron, al punto, campesinos y jornaleros de sus mujeres acompañados, pues querían felicitar al padre y al abuelo, a los amos, y fue entonces que una de las mujeres no vio a la niña en el moisés y reclamó verla, mientras Magdalena y Vicenta aparecían en el quicio de la puerta
María no estaba, nadie de los presentes la había cogido, la cuna vacía, pues la niña dormía. La desesperación de la madre era notoria. Magdalena lloraba mientras que intentaba aliviar tanto su propia desesperación como la de Vicenta.
- ¿Quién la ha cogido? -gritó Carlos-
Un silencio apareció entonces, una mudez insistente.
- Sola no se ha ido -afirmó inconsciente Ana de Pedro- No sabe andar -y esta evidencia, no saber caminar, alentó a todos-
Carlos y algunos hombres la buscaban por los bancales, en tanto la locura y la esperanza se posesionaban de la Casa de Barañes, mientras Cristóbal veía impertérrito al Hombre de Las Quínolas sentado en el poyo, junto a la cuna.
- ¿Qué has hecho?, ¿qué haces aquí? -pregunto Cristóbal al Hombre de Las Quinolas- Tenemos un trato, ¿lo recuerdas?
- Lo recuerdo -contestó- He venido a comprobar que el cirio sigue encendido
- Ahí lo tienes
- Ya lo he visto; ahora tienes que decidir quién de tu casa tendrá que sustituirte en mantener, a tu muerte, la vela encendida
- Eso no forma parte del acuerdo
- Desde ahora sí
Fue Lorenzo El Manco quien halló a la niña bajo un naranjo, en el huerto.