viernes, 1 de noviembre de 2024

08643-176.IMPOSIBLE: Cómodo Centón invita a La Muerte a vivir y a bailar

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     Conforme el Sol se imponía sobre la oscuridad de la Luna, despertó Cómodo Centón, al toque de unas campanas, notando que estaba vivo, pudiendo observar, primero, una alegre figura, entre una bruma, bailar alborozada al son gracioso de una banda musical formada por instrumentos y voces en jarana sin que fueran portados por figuras algunas. 

      Observó, segundo, a La Muerte caminar delante del risueño cortejo.

      De seguido observo a La Muerte cantar; "pito pito gorgorito, pito pito gorgorito, pito pito gorgorito, tú, señaló a Cómodo, te quedas vivo y tú, señaló a un vecino, te vienes conmigo."; y siguió su camino cantando "pito pito gorgorito, pito pito gorgorito, pito pito gorgorito, es la hora de la recogida de la siembra, es la hora de la siembra". 

      Cómodo quedó pensativo; "¡eh, tú!" gritó; "¡eh, tú!" gritó de nuevo; "¡eh, tú!" alzó el grito; más, si quieres arroz catalina, no volviendo La Muerte la cabeza, se alejaba recogiendo la siembra y sembrando con semen el camino. Y, dejando el pensar, fue Cómodo tras ella, mientras ésta aumentaba, huyendo de Cómodo, su velocidad hacía el infinito. La llamó; no respondió La Muerte. De nuevo la llamó; no respondía La Muerte. Insistió; seguía La Muerte desertando. ¡Eh!, gritó Cómodo; emigraba La Muerte en tanto cantaba "pito pito gorgorito" 

     "Será maleducada", pensó El Centón, y abriendo sus alas, voló, y volando alcanzó a La Muerte

- "¡Tú!, ¿acaso no me oyes?" -le espectó bruscamente-
    
- "¿Qué haces persiguiéndome?, ¿no ves, acaso, que tú te quedas vivo?, no tientes a la suerte" -le miraba La Muerte con los ojos desencajados, abierta la boca, pálida su faz, caída la capucha, paralizada- ¿Qué quieres?"

- "Matarte" -afirmó Cómodo- 

      Quedando La Muerte confusa

- Pareces tonto, ¿cómo vas a matarme si ya estoy muerta?

- Quiero que conozcas la vida"

- ¿La vida?"

- ¿Alguna vez has vivido?" -preguntó Cómodo-

- ¿Para qué?

- Para que conozcas el sentido de la muerte" 

      Y sin más, El Centón comenzó a danzar, "te enseñaré a bailar"; y en esto fue que tronaron los timbales, el gong, la tuba y el trombón, todos al paso marcado por un flautín, dando giros y vueltas enrededor de La Muerte, mostrando, de tal modo, su horror y rechazo con una cierta candidez de alegría, mientras le seguía La Muerte en su turbación, deshaciéndose hacía la vida.

      Fue entonces que los seres vivos dejaron de morir, pues La Muerte comprendió que tras vivir no era necesario morir. Más, ya estaba muerto Cómodo Centón. 

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