lunes, 21 de abril de 2025

08978-33.AGUAS ALTAS Y BARAÑES: Tecla y Ramón en La Cogolla

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        Tecla García, casada con el galeno García en 1704 y abandonada ese mismo año, y que tuviera, ya muerto, a Carlos, entrada en celos y cumplidos los cuarenta años, desesperaba ardientemente y teniendo agriado el ser en la Casa del Rincón Ancho, puso rumbo a la Cogolla, donde apareció un tal Ramón Valor de Busot, apenas algo más joven que ella, el cual tenía por oído hablar de los baños a los marqueses, por lo que se animó a probarlos en una pequeña balsa allí ubicada. Era media tarde y el lugar ya había sido despejado de personas, que Ramón Valor, desnudo, entró en la alberca donde el agua presentaba una temperatura de unos cuarenta grados. Tecla, que lo vio, se ruborizo, y, de seguido, se animó, perdiendo la vergüenza, a penetrar en el depósito ante la mirada del hombre, al cual el falo se le endureció, en tanto ella recordaba la conseja de Primitiva, “el calor, calienta”, pensando que nada se perdía. Al principio quedaron inmóviles; Ramón pudo ver como su pene se soltaba de su cuerpo y nadaba hacía la mujer. Tecla pudo ver como su claustro se soltaba de su cuerpo y nadaba hacia el hombre. 

- Eres hermosa -dijo él-

- Eres hermoso -dijo ella-

- ¿En qué estás pensando? -dijo él-

- Y tú, ¿en qué estás pensando? -dijo ella-

Hubo sonrisas, hubo suspiros. El agua estaba calentando; entraba por una esquina y salía por otra. Los ojos de ambos se humedecían, las gargantas se secaban, no afloraban más palabras, los pensamientos desaparecían, no quedaban argumentos. Ramón fue a por su pene y lo puso entre sus piernas, ya no sonreía. Tecla fue a por su claustro y se lo puso entre sus piernas, ya no sonreía. Él miraba el claustro, ella miraba el pene, ambos sumergidos en el agua. Y el pene entró en el claustro. 

- Vivo aquí cerca -dijo ella-

- Vivo en Busot -dijo él-

- Entonces, está más cerca mi casa

- Así es

Fueron a la cama de ella; follaron

Cenaron.
 
Fueron a la cama de ella; follaron

Durmieron toda la noche

       Y al alba, follaron

Después, con clara cortesía, se despidieron. Ramón Valor tomo el camino hacia Cobes, no sin antes darse un ligero baño en La Cogolla, donde recordó su encuentro con Tecla, y en esto de las aguas medicinales estaba que pudo ver a un hombre limpiando la zona de recreo. El Huerco se detuvo apoyando su cuerpo sobre la escoba, pareciendo mirar a ningún sitio y luego mirar a Ramón, al que se acercó para reclamarle unos sueldos

- ¿Hay que pagar por darse un baño?

- Así es -respondió El Huerco- En la vida todo tiene un precio. Usted come y luego caga, cagar es el precio del comer. Así lo manda la naturaleza. 

- Si usted lo dice 

- Así lo digo

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