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09286 (01.12.2025 - Cristóbal Ivorra de Glauca en la Cueva de Ceres)
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Una noche, (año de 1703), ya avanzada, llamaron a la puerta golpeando un rústico y simple picaporte. Cristóbal levántose de la cama, y estuoso detúvose ante la puerta mientras mandaba mudez. De nuevo los ruidos, todos a la vera del terror, quietos y prietos, manteníanse. Sonó, de nuevo, el manoteo, quebrose un suspiro en las mujeres.
- ¿Quién llama? -mansedumbremente preguntó-
- Primitiva
- ¿Quién es? -pregunto Clotilde-
- Creo que..., mi hermana -respondió sin estar seguro que lo fuera- ¿Quién llama?
- Primitiva
- ¿La reconoces? -pregunto Clotilde- ¡Abre entonces!
La pusieron junto al fuego, al que atizaron y reverberizó por la estancia aumentando el calor.
Primitiva temblaba, apenas contaba con ocho años. Como mejor supo explicó la muerte de su madre y su presencia allí.
Salía Glauca, de continuo, por los montes, como era su costumbre, hasta la Peña del Cuervo. Un día, estando en aquella altura, en su compañía, oyeron los gritos de una mujer y vieron los sueños de un hombre suceder. Desde entonces todo en el Mojón cambio. Glauca ya no era la misma, que decía que los alaridos de aquella mujer debían ser encontrados al fin de mitigar su dolor y aliviar el descanso del sufrido hombre, y salía a diario, a su encuentro, y cada vez que volvía decía oír más y siempre regresando al anochecer, triste y melancólica, decía no hallar lo que buscaba, sabiendo que la llamaban, desde el Ginebral, para encargarle una misión. Un buen amanecer, limpio y fresco, las voces callaron y ella dejo de acudir al Cuervo, y fue por entonces que pareció recobrar la salud que tanto en sus visitas a aquel paraje tan percuciente se quebrantara. Comenzaron, por las noches, a presentarse paisajes que decía visitar, comportabase como un seduciente, negando la inmortalidad del alma y la resurrección de la carne, negaba que tuviera pesadillas, hablaba de sus hijos, de Jaime y de Cristóbal, de la pérdida María, y de un hombre sombrío que se alimentaba de niñas recién nacidas; deglutábalas después, formadas como mujer, las encintaba al pairo de tres vergas, extraíales el fruto y se alimentaba; era la bestia sacada de la tierra, de las bocas del infierno de la sierra, y pronunciaba sentencias ante el falso convencimiento de los signos. Salió un atardecer, que dijo la voz se lo ordenaba, para apagar la visión de los suelos, y pasó toda la noche y el día que siguió, y vino la noche, amaneció, y ella no retornaba al Mojón, por lo que salió Primitiva, por el Cuervo, en su busca, hallándola postrada entre dos peñas ensangrentada. Tardó Glauca en abandonar las piedras de esta tierra, y mucho se opuso a iniciar el camino inseguro de la muerte; sus padecimientos acompañarían a Primitiva el resto de su vida. Aquella noche el Cuervo las miraba, las nubes parecían confundirse, y desde lo más alto de los cielos fueron descendiendo, al tiempo una luna creciente permaneciendo quieta se movía. ¿De dónde venía? ¿Cuál era su destino?
Primitiva, en si cuento, temblaba
- La noche es un espacio sin alma -dijo Catalina Ivorra de Antigua Sexona- no tiene el sentimiento propio de las cosas con vida, es una alcoba de sueños, una estancia para el reposo; es al hombre lo que el día al animal. No sabemos aprovechar la noche, la perdemos en el sueño, la usamos para las vaguedades, la confundimos con nuestras necesidades, huimos de ella por el terror y la ignorancia que de ella tenemos, la vemos llena de íncubos, abandonada a los más repugnantes seres, llena de sombras.
Murió Glauca hablando mientras ascendía su alma de ella, soñando como soñaba que la vida era un sueño y los sueños realidades ocultadas. Fue en aquellos instantes que oyó Primitiva clamar a la mujer de los gritos y vio los sueños del hombre que soñaba. Y al cuervo, el cuerpo de su madre junto a los pies del Cuervo, muerta como una perra,
Y con aquellas terribles medranas abandonó el Molló; Cristóbal la acogió y llamo hermana, poniéndola al cuidado de Clotilde y de sus tías, mientras él se rodeaba, durante algunos días, de silencio.
- ¿Qué te preocupa? –preguntó Clotilde-
- El regreso de mi madre
- ¿De Glauca? ¡Está muerta!
- Por eso me preocupa –respondió Cristóbal-
- Todo es posible con Glauca -dijo la tía Rosario-
- Todo -sentenció la tía Catalina-
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