domingo, 9 de febrero de 2025

08836-31.AGUAS ALTAS Y BARAÑES: 05.El Botánico

DOCUMENTO ANTERIOR
08825 (29.01.2025 - 04.El Botánico)

DOCUMENTO POSTERIOR
08951 (07.04.2025 - De la Superficie de la Tierra)
09378 (23.01.2026 - 06.El Botánico y El Chatarrero)


Entró el botánico en la cueva prevenido de la prudencia de Demetrio, quién insistía que solían ser las cuevas hogar de alimañas, extraños seres y dominios de la oscuridad. Del fondo, ciertamente, llegaba un ruido; era semejante al agua. Nada se veía; se detuvieron y volvieron.

El botánico observaba a Ceres; de nuevo insistió, esta vez para si mismo, sobre lo extraño de aquella presencia allí. Mandó descansar un poco. Bebieron. Poco más tarde reanudaron la caminata al objeto de explorar la ascensión a las bocas del infierno. Lorenzo los condujo por La Cava a pie de la Peña Roja, llevándolos a las estribaciones de la Sierra del Hombre. Cada paso y avance que se hacía sobre la cabecera del barranco resultaba más lento, pesado e impreciso. No obstante admirado el botánico de la destreza de Lorenzo se dejaba llevar y se tralla consigo a Demetrio, que se retrasaba y luego pedía que se le esperara. Por fin, de improviso, pareciendo que nada había, surgía del suelo un chorro de agua, que se conducía y formaba un riachuelo. Decepcionante resulto el hallazgo al botánico, que no veía en aquello interés alguno, máxime cuando advertía, desde allí sin que pudiera pasar por lo abrupto del terreno y lo abundante de la vegetación, que filtraba el agua por un agujero que hallado entre dos rocas que daban pie a una enorme peña. ¡Mandó chitón Demetrio, corría agua! ¡Era cierto!, se percibía el ruido; dirían que semejante a una cascada. Nada se veía. 

- ¡Chitón! -advirtió el botánico-

Un macho sesteaba en la cama que construyera rozando el suelo, bien preparada, pues cubría los flancos con ramas; más allá, de igual razón, dos hozaderos más guardaban los cuerpos de dos jóvenes escuderos. Era el mayor de los verracos un ejemplar notable, no quedando a la zaga los dos jóvenes, que supo el botánico observando darían buena cuenta de jabalinas. Se detuvieron ante esto, que no era, dijo el botánico, prudente molestar a las bestias, inquiriendo de Lorenzo si conocía de algún otro camino, o forma o modo, o como hacer para librarse de aquel obstáculo, ya que guardaba sumo interés en proseguir por aquel lugar. Lorenzo no sabía. Optó el botánico por observar durante un rato a las bestias, desistiendo, finalmente, de aquella aventura, retirándose por la misma ruta que hasta allí los había llevado, llegando, apenas levantada la media tarde, a Barañes. Necesitaba algo más; Lorenzo había cumplido bien, se mostró en todo momento diligencioso y conocedor de la tierra, pero él necesitaba, para sus pretensiones, un hombre que pudiera abrir camino.  

- ¿Puedo...? -tomó el botánico el hierro y la blandió, hasta que sobre el filo pudo observar una mota de sangre rodeada de un óxido amarillento, se encontraba cubierta de polvo la empuñadura y toda la pieza presentaba una rigidez arcaica-

- ¿Habéis sido soldado? -preguntó Cristóbal-

- Por poco tiempo. No era de mi gusto. ¿De quién es?

- De un antepasado

- ¿Tienes un antepasado?

- Si

- ¡Un labriego con antepasado!

No hay comentarios:

Publicar un comentario