jueves, 13 de febrero de 2025

08846-183.LIBROS: 05.Fernando VII, de Emilio La Parra López

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      Si los cambios sociales y políticos, sin olvidar los económicos, determinan la juventud de Fernando VII, es a partir de 1814 que el rey adquiere conciencia de sí mismo y la misión que le ha confiado la historia, es decir, ser un rey a la vieja usanza, donde el poder político heredado ha de imponerse sobre cualquier otro poder tenga su origen donde lo tenga, de modo que si Dios gobierna en el cielo, Fernando tiene que gobernar en la tierra; es lo justo, es lo necesario, es lo único posible y aceptable. 

       En 1814 Fernando VII regresa a España; el autor describe el viaje que se inicia en Francia, entrando en España por Figueras acompañado por tropas francesas y llegando a Báscara, donde Napoleón libera a Fernando VII, siendo escoltado por tropas españolas y recibiendo un ejemplar de la Constitución de 1812, negándose la Regencia Española a ratificar el Tratado de Valencay y esperando que, tras la jura de dicha Constitución, entregar el gobierno al rey tan deseado y víctima de la barbarie del francés.

        Fernando VII, no podía ser otra forma, impone su divina autoridad, y cambia el itinerario, sigue por Zaragoza y llega a Valencia, evitando de tal modo entrar en Madrid; con esto conseguía retrasar la jura de la Constitución de Cádiz, facilitar el movimiento de sus afectos absolutistas y asegurarse del oportuno buen recibimiento en Madrid, tras el encarcelamiento de los liberales. Todo dependía del ejército, verdadero sujeto, para Fernando, de su vuelta a España, despreciando de tal modo al pueblo español, mientras los liberales, pobre de ellos, seguían confiando en el rey

    Fernando VII recibe el Manifiesto de Los Persas donde se exalta la monarquía absoluta, la convocatoria de cortes conforme el sistema absolutista, la nulidad de la Constitución de Cádiz y el castigo a los liberales. Iniciándose de tal modo el GOLPE DE ESTADO entre el diez y el trece de mayo de 1814 y que el autor expone con todo lujo de detalles citando circunstancias y personajes. 

    La realidad queda envuelta en una madeja de contradicciones bien definidas; reunir cortes estamentales, garantizar la libertad y seguridad personal de los españoles, y separar los dineros del rey de los dineros de la nación; solo el tercer punto se cumplirá. Se entiende que la monarquía es el gobierno natural sostenido por el derecho divino, que Fernando VII es un enviado de Dios y que, por lo mismo, tiene que conducir al pueblo ignorante hacia la felicidad que ofrece la obediencia ciega al representante de Dios en la tierra. Significa esto que la soberanía es un atributo de la corona y que dicho mandato el rey ejerce el poder absoluto como juez supremo de la nación, legislador primero, con promulgación de infinitos decretos, y ejecutor único de todos los poderes, dicho de otro modo, que Montesquieu se podía ir de paseo y con este francés se podía ir a pasear la Constitución de 1812 con su cámara única y su gobierno liberal. 

         Con lo anterior, el rey era el padre de los españoles, y sus hijos estaban en la expresa obligación de hacerle regalos ya que el rey era un pobre de solemnidad. Así, como buen padre podía Fernando hacer uso de la fuerza contra todo monárquico y antimonárquico, reprimiendo y castigando a diestra y siniestras partes, enarbolando la alianza del trono y de la iglesia, aunque la iglesia fuese, en sentido estricto, una garrapata más, para lo cual desactiva "los consejos", refuerza a los ministros, interviene directa y personalmente en todos los asuntos en virtud de la voluntad del rey, controla al ejército, que estaba más muerto que vivo, y se impone como máximo sacerdote de la iglesia, consistiendo todo esto en el GOBIERNO DEL REY

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