domingo, 16 de febrero de 2025

08851-184.LIBROS: 06.Fernando VII, de Emilio La Parra López

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       La práctica política de Fernando es la existencia de un solo gobierno, es decir, cambiar a uno o varios ministros no significa que haya cambios de gobierno pues el gobierno es la voluntad del rey; de este modo encontramos que el poder absoluto NO pareciese absoluto, sino necesariamente absoluto, de ahí que la Constitución de 1812 fuese la gran garrapata y, que por lo mismo, su innecesaria presencia pasase por la destrucción de la misma, lo que fue percibida con gran alegría por parte de los imperios centrales, rechazada por Inglaterra y admitida por Francia, siendo así en lo que consistió la política internacional de Fernando VII, es decir, la defensa de la persona del rey frente a cualquier otra consideración.

     En sentido estricto al rey le importaba nada la vida internacional, las luchas de liberación de las colonias y el desarrollo económico de España, pues solo tenía valor su propio sillón de rey sin límites.

      Fernando nunca se equivocaba, los errores los cometían sus ministros, y eran tales errores los que conducían a los ministros al destierro y a las prisiones. 

      Los ministros no estaban para plantear problemas al rey, sino para resolverlos en favor del rey; les dejaba hacer y los sacrificaba cuando era necesario hacerlo, y, como todo buen monarca, se rodeaba de una camarilla de corruptos por dinero, pensamiento e influencias.

       Pero a Fernando aún le quedaba una garrapata más adherida a su cuerpo; era su padre Carlos IV. En este sentido al rey solo le interesaba "el poder" como el comer y el beber, mientras que a su padre Carlos solo le interesaba el buen vivir tranquilo donde le apeteciese, de ahí que el acuerdo de renuncia del padre a favor del hijo y a cambio de dinero del hijo enviado al padre fuese un reconocimiento de circunstancias personales, donde ambos encajaron adecuadamente, de forma que los pronunciamientos, más o menos supuestos, de liberales para cambiar de rey resultasen más un interés particular de sus miembros que una aceptable realidad. Es decir, en cuanto el padre recibe el dinero, acaba el conflicto.

       Ya no hay problemas; que los Reyes Católicos iniciasen la construcción de un imperio en base a una expansión familiar y con el poder de los tercios españoles, que desarrollarían Carlos I y Felipe II, y que la derrota de Rocroi con Felipe III significase el inicio del fin de la potencia española, con el intento de recuperación de Carlos III, la evidente decadencia con Carlos IV y el hundimiento con Fernando VII carecía de interés para el último rey absoluto de España, una España que era, en realidad, la finca particular de Fernando VII. Y si todo iba bien en esta finca, no parecía tener interés alguno lo que pasase en el resto del universo. 

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