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08857 (19.02.2025 - 07.Fernando VII, de Emilio La Parra López)
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08870 (25.02.2025 - 09.Fernando VII, de Emilio La Parra López)
El Congreso de Viena sentencia la definitiva decadencia de España; a Fernando VII solo le interesan dos cuestiones; su honor/orgullo personal y su monarquía absoluta. No entiende que con él llega el principio definitivo del fin del imperio español que se extenderá a lo largo del siglo XIX, y que en esta desaparición se encuentra su debilidad más evidente frente a Francia e Inglaterra y el nacimiento de dos nuevas potencias de futuro como serán Rusia y Usa. Dicho de otro modo, España no participa activamente en el Congreso de Viena, como tampoco lo hará en el Congreso de Verona ni en otras reuniones de los imperios centrales. El único consuelo, eso si, será que no intervendrá en los próximos enfrentamientos bélicos europeos durante más de doscientos años.
Durante el periodo de 1820-1823 inicia el rey su actividad contrarrevolucionaria, y no perdió el tiempo, y tuvo tiempo, para extender sus necesidades por Europa.
Por una parte, Austria, Rusia y Prusia no pueden permitir que la idea constitucional se extienda, en tanto que Inglaterra se desentiende de la situación, aunque influye en que Fernando VII reconociese la independencia de las colonias americanas y la firma de un tratado comercial España/Inglaterra en el ámbito de un débil gobierno liberal en España. Por otro lado, la necesidad de Francia de no quedarse sola entre ambas posiciones.
Ni Francia ni Inglaterra, por sus leves principios constitucionales, eran del agrado de Fernando VII, de ahí que los primeros intentos de atraerse a Rusia resultasen fallidos por el hecho evidente de la lejanía territorial entre España y Rusia, de forma que solo la presión sobre Francia resultase adecuada si la ejercían Austria, Rusia y Prusia, enfrentado a la monarquía francesa frente a la inglesa, de manera que Inglaterra renunciase a la intervención e ignorase la invasión de España por parte de Francia.
Por otro lado, las huestes diplomáticas de Fernando VII se movieron perfectamente en los gobiernos absolutos de los tres citados imperios en tanto otras huestes se rearmaban dentro del interior de la península mientras el rey largaba cuerda a los liberales españoles (moderados y exaltados) haciendo uso de la Constitución de 1808 a su libre albedrio. Ciertamente le constó tres años al rey aunar todas las vías, pero lo consiguió como mártir de las ideas liberales, hasta la llegada de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis y un ejército de 30.000 españoles/absolutistas, mientras el ejército español alcanzaba su más mezquino ser desde los tiempos de los Reyes Católicos, no cayendo más bajo porque no había más fondo. Así, el paseo militar del Duque de Angulema duró apenas tres meses desde los pirineos a Cádiz
Sin embargo, en ese espacio de tres años hay que señalar dos momentos previos de Golpe de Estado por parte de Fernando VII como fueron la Conspiración de Vinuesa y el Complot de la Guardia Real, ambos fracasados.
Contribuyó a todo lo anterior la evidente división de los liberales españoles en dos bloques como fueron los moderados y los progresistas, cada uno marchando a su aire y sin escuchar al otro, y aun sabiendo las resoluciones del Congreso Verona, de forma que, curiosamente, todos, de un bando y otro, tenían por aspiración principal salvar al rey, de modo que no cabe duda que existía en Fernando VII un halo de suerte que parecía no tener fin, y cuya idea más clara era, entre unos y otros, que era el rey el único irresponsable que existía en el mundo pasara lo que pasara.
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