jueves, 15 de enero de 2026

09357-43.AGUAS ALTAS Y BARAÑES: 03.Tecla y Ramón en La Cogolla

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Tecla contestó con la cabeza, “no”, y quedaron en silencio entre la ausencia de mudez del viento. De pronto, se levantó y retiro de sí la ropa. A Ramón el falo se le endureció, fue en un instante, como tirado por un resorte. Tecla entró, sonriendo, en la pequeña laguna, “el calor, calienta” dijo pensando que nada se perdía. Y permanecieron inmóviles. Ramón pudo ver como su pene se soltaba de su cuerpo y nadaba hacía la mujer. Tecla pudo ver como su claustro se soltaba de su cuerpo y nadaba hacia el hombre. La firmeza de perder líquido él y ganarlo ella, a ambos maravillaba. Hubo sonrisas, hubo suspiros. “El calor, calienta” dijo Ramón. 

       El agua entraba por una esquina y salía por otra. Los ojos de ambos se humedecían, las gargantas se secaban, no afloraban más palabras, los pensamientos desaparecían, no quedaban argumentos. Ramón fue a por su pene y lo puso entre sus piernas, ya no sonreía. Tecla fue a por su claustro y se lo puso entre sus piernas, ya no sonreía. Y el gusano entró en la gruta. 

      Después, con clara cortesía, se despidieron. Ella, mientras caminaba al Rincón Ancho, pensó que había encontrado a su fantasma. Él, rendido, disfrutaba un rato más del baño, que apareció El Huerco en su escoba apoyado

- Para bañarse aquí hay que pagar

- ¿Hay que pagar por darse un baño?

- Así es -respondió El Huerco- En la vida todo tiene un precio. Usted come y luego caga, cagar es el precio del comer. Así lo manda la naturaleza. 

- Si usted lo dice 

- Así lo digo

No se habían dicho sus nombres

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